He sentido la soledad todas las noches, todos los días. He sentido dolor, psicológico y físico. El dolor psicológico es el peor de todos, ese sentimiento de odio constante, ese sentimiento de saber que no vales nada, que te mereces todo lo que estás pasando. Mereces todo el dolor que sientes y por mucho que lo intentes, no podrás volver a atrás.
Coges la cuchilla y la pasas por tu piel. Te duele pero sonríes. Empieza a salir sangre, muchísima sangre y escuece. Te escuece la herida, pero sabes que mereces ese dolor. Sabes que jamás podrás llegar a ser lo que la gente quiere que seas, que siempre vas a decepcionar a todo el mundo. Por eso poco a poco, te vas alejando de la gente. Te alejas lentamente de todo aquel que te rodea. No quieres que sufran por ti, no merecen pasarlo mal por ti. Te alejas para no decepcionar les, no quieres fallarles y sabes que si continúan a tu lado les vas a fallar. Por eso te aíslas, porque si no te relacionas con nadie, si no le importas a nadie, si nadie confía en ti, entonces no podrás hacerles daño. Y, así, lentamente, te vas apartando del mundo. Estas sola. Pero sabes que es lo que mereces. Mereces el dolor. La tristeza. El vacío. La soledad. Mereces la muerte.
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