martes, 6 de mayo de 2014

Ya no existo.

El agua helada se me clava en la piel como mil cuchillos y noto que me corta. Pero ya no hay vuelta atrás. La piedra atada a mis pies ha tocado fondo. Ya no bajaré más. Sólo queda esperar y por fin habrá acabado todo. Cierro los ojos.
No sé si pensar. Sé que una parte de mi, aunque sólo sea por instinto, quiere seguir viviendo; pero yo ya he decidido que no.
El dolor en la piel ha cesado. Me sentiría inerte si mis pulmones no ardieran. Veo las últimas burbujas de aire salir por mi nariz flotando hacia arriba y explotando una a una. Noto como mi vientre se contrae y como mi boca intenta abrirse para coger algo de aire, pero la cierro con todas las fuerzas que me quedan. Siento como mi cuerpo se acelera, todo me tiembla, oigo la sangre golpear mis oídos y mi abdomen se hincha y deshincha sin descanso. Mi cuerpo necesita respirar y lo va a hacer. Finalmente me rindo a los impulsos e inhalo. Pinchazos, cortes, arañazos; el agua congelada me destroza por dentro. Gritaría, si pudiese.
El dolor es insoportable. Y, de golpe, para. No oigo nada, no veo, sólo siento el corazón, esta vez en el pecho, a un ritmo mucho más relajado. Me siento bien, en paz. Saco la sonrisa más grande de mi vida, aunque creo que mi cara no la refleja. Cada vez el sentimiento de bienestar aumenta y y o siento que peso menos. De golpe lo noto, ya no existo.



Bienvenidos.

Fracasos y fracasos, ¿Y qué pasa cuando llegas al límite? ¿Cuándo no lo soportas? ¿Héroe o cobarde? ¿Quién lo decide? ¿Quién dicta toda esta mierda que circula por el mundo? ¿Quién me dice que he aguantado suficiente o que puedo aún más? ¿Quién es el que separa los buenos de los malos? ¿Quién? Yo no sé. Si creo que en realidad no merezco esto y por otra parte pienso que si lo tengo, es por algo. Yo nunca he creído en el destino, no creo en el más allá, no creo que pase algo porque tenga que pasar. Creo en las casualidades. Pero a veces, se juntan tantas casualidades de la misma categoría que me hace replantearme que quizá el universo conspire para mi desgracia. Paulo Coelho dice eso de; 'Si deseas algo con todas tus fuerzas, el universo conspira para que se cumpla', pues, Coelho, cielo, yo te digo que una polla como una olla. Que te dejes de gilipolleces. Que estamos en la vida real y no en un cuento para niños de cinco años con un final siempre feliz. Aquí eso no existe. Aquí o pisoteas a los demás o te pisotean a ti. O eres el malo o ellos te hacen malo. Aquí no hay conspiración que valga. Aquí se aprende a base de hostias. Aquí no se vive, se sobrevive. Bienvenidos.

-Demencia.

¿Aceptarías a un monstruo únicamente porque vive contigo?


A veces se araña la cara en un intento de quitarse la máscara. Pero lo que no sabe es que debe vivir con ella. Que de tanto fingir, ya se ha adherido a su rostro. Ya no se puede cambiar. Y se mira al espejo y ve esas cicatrices sobre su cuerpo, y se odia aún más. Y ve ese pelo, y esos ojos y esa boca y llora. Llora por no ser lo que quiere ser. Y no es tan fácil. Aquí no hablamos de aceptación. Hablamos de convivir con el demonio. ¿Aceptarías a un monstruo únicamente porque vive contigo o intentarías deshacerte de él? Lo segundo, ¿no?. Pues aquí ocurre lo mismo. No es mi cuerpo. No es mi cara. Soy yo. Yo al completo. Yo soy eso que no quiero y no me puedo aceptar por mucho que me lo proponga. No puedo porque es imposible convivir con el mal personificado. Que soy yo quien me daño y  no lo quiero. Que soy yo quien se tortura y no lo quiero. Que soy yo quien sufre innecesariamente y no sé que hacer para que esto cese. Y no. No es aceptación. No se puede aceptar lo que te daña.


-Demencia.


Tristeza.

La forma en que funciona la tristeza es uno de los enigmas más extraños del mundo.

Cuando te invade un profundo sentimiento de amargura puedes llegar a sentirte como si estuvieses en llamas, no sólo por el dolor, sino también porque la desdicha puede extenderse sobre tu vida al igual que el humo de un gran incendio lo cubre todo a su alrededor como un gran manto de color grisáceo.

Suele resultar difícil ver otra cosa además de tu propia desdicha, de la misma forma en que la humareda puede cubrir un paisaje y hacer que todo lo que se vea alrededor sea de color negro.

Puedes darte cuenta de que incluso las cosas felices están contaminadas de tristeza, como cuando el hollín emerge en forma de colores cenicientos e impregna todo lo que toca de olores a ceniza.

Cuando finalmente se apaga el incendio uno ya no puede recuperar lo que ha sido devorado por las llamas. Cuando te sumerges en un pozo de melancolía; una parte de ti se pierde para siempre.

Tanto el fuego como la tristeza consumen sueños y esperanzas, dejando un gran vacío que difícilmente puede ser llenado. Y ambos son, en muchas ocasiones, inevitables. Forman parte de la vida, nos guste o no.

Y aquí estoy yo, ardiendo por dentro, quemándome con extremada lentitud y sin encontrar agua que pueda apagar este fuego, que desde hace años me mata en silencio. Pronto sólo seré un montón de cenizas. Otro más.

domingo, 4 de mayo de 2014

No debimos creer.

Solíamos creer que la felicidad existía, que todos seríamos felices siempre, que moriríamos de viejos y nuestra vida seria perfecta. Y ese fue nuestro error, creer. Creer en cosas imposibles. Tener pensamientos positivos en cuerpos llenos de dolor. Abrir los ojos duele. Duele muchísimo. Pero, ¿Sabes? cuando lo haces. Cuando abres los ojos, te das cuenta de las cosas.
Te das cuenta que la felicidad no existe, que eso que tanto deseábamos, ahora lo odias. Te das cuenta que los ojos no mienten y las miradas enseñan lo rota que estás por dentro. Que miras a tu alrededor y no hay nadie, no hay nada. Que estás sola, escribiendo a oscuras en tu habitación. Que nunca ha habido nadie, jamás le has importado a nadie. Nadie movería un dedo por ti. Que podrías morirte mañana que nadie se preocuparía. Estás triste, pero por alguna razón no puedes llorar. Así que decides cerrar los ojos unos segundos, respiras fuerte y dibujas una enorme sonrisa en tu cara, para que la gente piense que estás bien. Porqué ¿Qué más les da como estés?. Pero hay algo que falla. Hay algo que no puedes evitar. Y, es que, por mucho que quieras, por muy feliz que quieras aparentar ser, los demonios que hay en tu cabeza continúan ahí. Continúan jodiéndote. Y todo por creer. No debimos creer. Debimos haber sabido la verdad. Que te la cuenten des del principio. Que no te la oculten cerrándote los ojos, porqué luego, al abrirlos, duele. Duele muchísimo enfrentarse a la realidad. A esta dolorosa realidad de saber que todo lo que creíamos, todo lo que nos contaron y nos prometieron que tendríamos, no existe. Y claro, ¿Cómo te van a dar algo que no existe?
La felicidad, la amistad y todas estas mierdas no existen. Abrid los ojos antes de que sea tarde.

jueves, 1 de mayo de 2014

Valiente.

Valiente es el que aguanta lo inaguantable. Valiente es el que no vive por él, sino por otra persona. Valiente es el que teniendo insomnio, ansiedad y problemas dentro y fuera de casa aún saca fuerzas de vete tú a saber donde para pintarse una puta sonrisa de mentira y hacer creer al mundo que su vida es fantástica. Valiente es el que se mete un bote de pastillas porque está hasta la polla de esta vida que tantos idolatran y pocos se dan cuenta de que no tiene ningún valor. Valiente es el que decide abandonar DESPUÉS de haber estado años muerto en vida. Que os olvidáis que una persona que se suicida lleva detrás de él años y años de sufrimiento. Años de llorar, sufrir y sangrar. Valiente es el que escribe una puta carta a su madre intentándola explicar porque si querido hijo ha decidido morirse. Valiente es el que planea su muerte. Valiente es el que se suicida. Y cobarde, sí, eso también. Pero sobretodo valiente.

-Demencia

Soledad.

Habláis de soledad. Pero, ¿Sabéis acaso lo que es? ¿Sabéis acaso lo qué es estar rodeado de gente y sentirte solo? No. No tenéis ni idea. Creéis que estar solo es lo mismo que sentirse solo y os equivocáis. Me gusta estar sola, pero odio sentirme sola. Sientes dolor. Dolor psicológico. Y, oye, es el que más duele. No tenéis ni idea de la guerra que hay en mi cabeza. Sólo dañas a los que te rodean y por eso te alejas. Tu estás roto y llena de odio. Pero, ¿Alguien hizo algo para evitarlo? Ni les importó. Por eso estás así. Sola. Sin nadie. Mira a tu alrededor. ¿Acaso hay alguien? No. Te diré porqué; no les importas. Podrías morir y nadie se enteraría. Cada uno tiene lo que merece y yo merezco esto. Merezco soledad. Dolor. Merezco no sentir nada más que odio. Todo da igual. Nada me alegra. Nada me afecta. En mi sólo hay odio. Odio hacia mi. Odio hacia vosotros. Odio la soledad. Odio a la tristeza. Los hombres. Las mujeres. Odio la felicidad. Odio no sentir y odio los sentimientos. Odio el día y la noche. Odio la vida.
En mi, sólo hay lugar para el odio.