martes, 6 de mayo de 2014

Tristeza.

La forma en que funciona la tristeza es uno de los enigmas más extraños del mundo.

Cuando te invade un profundo sentimiento de amargura puedes llegar a sentirte como si estuvieses en llamas, no sólo por el dolor, sino también porque la desdicha puede extenderse sobre tu vida al igual que el humo de un gran incendio lo cubre todo a su alrededor como un gran manto de color grisáceo.

Suele resultar difícil ver otra cosa además de tu propia desdicha, de la misma forma en que la humareda puede cubrir un paisaje y hacer que todo lo que se vea alrededor sea de color negro.

Puedes darte cuenta de que incluso las cosas felices están contaminadas de tristeza, como cuando el hollín emerge en forma de colores cenicientos e impregna todo lo que toca de olores a ceniza.

Cuando finalmente se apaga el incendio uno ya no puede recuperar lo que ha sido devorado por las llamas. Cuando te sumerges en un pozo de melancolía; una parte de ti se pierde para siempre.

Tanto el fuego como la tristeza consumen sueños y esperanzas, dejando un gran vacío que difícilmente puede ser llenado. Y ambos son, en muchas ocasiones, inevitables. Forman parte de la vida, nos guste o no.

Y aquí estoy yo, ardiendo por dentro, quemándome con extremada lentitud y sin encontrar agua que pueda apagar este fuego, que desde hace años me mata en silencio. Pronto sólo seré un montón de cenizas. Otro más.

No hay comentarios:

Publicar un comentario