Dicen que se ha de enfrontar a los problemas, que se les ha de ir de cara y acabar con ellos. Pero, ¿Qué pasa cuándo se acumulan? Cuando tienes tantos que no puedes enfrentarte a ellos.
Los dejas ahí, dejas pasar, creyendo que el tiempo los solucionará, pero no es así, el tiempo pasa y pasa, pero los problemas no se van, es más, cada vez son peores. Cada vez son más grandes y tienes miedo. ¿Y si no desaparecen jamás? Cada vez hay más y más. De amontonan todos y ya no puedes. Y pasas, sin darte cuenta que poco a poco estás creando tu propio vacío, lleno de odio y rencor.
El odio te come por dentro y pasa el tiempo y sigue, no se va. Se hace más grande. Poco a poco vas odiando todo cuanto te rodea, desde lo que más querías a lo que más odiabas. Al final, sólo tienes odio, no hay espacio para nada más. Hay demonios en tu cabeza que no te dejan ser feliz. Odio y sufrimiento. Hay una única manera de terminar con este odio y poner fin al sufrimiento. No hay más. Y, suena muy bien. Muerte. Y habrá terminado el odio y el sufrimiento. Por fin todo habrá acabado. Hasta el menor de los problemas. No tendrás más preocupaciones. Todos los problemas que as ido guardando y has dejado ahí, sin enfrentarte a ellos. Esos problemas, también desaparecerán. Te gustaría que no te recordaran, pero sabes que no será así, por mucho que quieras. No porque te vayan a echar de menos, ni porque te hayan querido, sino por una razón.
¿Cómo se olvida a alguien que ha echo tanto daño, en tan poco tiempo?
«Nací para ser la chica de las causas perdidas. Abridme las puertas del infierno, que me lo he ganado.»
sábado, 10 de mayo de 2014
Problemas. Odio. Y sufrimiento.
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