Pasan los días y cada vez sientes que vales menos. Cada vez más triste. Te invade un fuerte sentimiento de melancolía.
Melancolía que mala eres, pero que cariño te he cogido. Y, sí, le he cogido cariño a este sentimiento, no es que me guste estar así, sino que no me veo de otra forma, y cuando no la tengo. Cuando me siento más o menos alegre, entonces, echo de menos la melancolía que invadía la casa las tardes de invierno. Esas tardes sola en mi habitación escribiendo medio a oscuras en un papel, con un sentimiento constante de culpa. Y, por mucho que no quieras, te das cuenta que ya es tarde. Que ya no hay vuelta atrás, porque en el momento en el que te encariñas de él no lo puedes dejar. Porque es lo único que te llena, aunque en verdad, él es el que te vacía. Te acabas acostumbrando a la melancolía y te acaba gustando.
«Nací para ser la chica de las causas perdidas. Abridme las puertas del infierno, que me lo he ganado.»
sábado, 10 de mayo de 2014
Melancolía.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario