martes, 6 de mayo de 2014

Querida soledad.

Estoy harta de luchar y fracasar. Me he cansado ya. Nada me llena, nada me hace ilusión. Siento que sobro en todas partes. Siento que nadie me necesita, que jamás seré suficiente para nadie, todos me van a odiar igual que yo les odio a ellos.
La soledad te enseña mucho. Te da tiempo para pensar. Recapacitar sobre la vida, sobre ti. Y, te das cuenta, que no es tan mala. Que poco a poco, le vas cogiendo cariño hasta que un día no puedes vivir sin ella. Coges asco a la gente, prefieres estar solo que con los que te hicieron sentir así.
Contra más solo estás, mas te das cuenta de que nadie te necesita, ni te va a necesitar nunca. Que lo único para lo que sirves es para odiar y ser odiada. Que si a nadie le importas. Entonces, ¿Qué haces aquí? ¿Por qué ha venido alguien como tú al mundo si no va a aportar nada? Cuando era pequeña creía que  todo pasaba por algo. Que todas las personas que ahora están en tu vida, están por alguna razón. Que cuando algo malo pasa, es porque vendría algo bueno. Pero pasan los años y vas madurando, vas dándote cuenta de las cosas y ves que nada es como creíamos, no todo pasa por algo. A veces las cosas pasan por que sí. Cuando algo bueno pasa, es porque algo malo va a venir, y cuando algo malo pasa, es porque vendra algo aún peor.
Porque la vida es así para algunos, para los que merecemos la infelicidad y la soledad. La vida es triste, por eso nacemos llorando.

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