viernes, 30 de mayo de 2014

Todos necesitamos descansar de nosotros mismos.

Muchos días me pregunto, ¿Quién soy? que yo puedo decir lo que quiera, pero realmente, ¿Quién soy?¿Nos llegamos a conocer? Hay días en los que creo que sí. que sé quien soy. Pero la gran mayoría no. No sé quien soy, no me reconozco, me he perdido, yo no era así. ¿O si? llevo tanto tiempo sin saber como estoy, son sentir, que he empezado a olvidar quien soy realmente, ya no lo sé. No me recuerdo, ¿Cómo era?
No creo en la felicidad, creo que es algo que no existe, como una leyenda. Pero, ¿Y si en algún momento lo fui? Me cuesta creerlo puesto que ahora vivo ahogada en melancolía. Soy fría como el hielo y estoy tan rota que corto. Soy una alma. Un cuerpo, una vida más en este mundo de infelices. De gente infeliz, con caras alegres. Llorando por las noches y sonriendo durante el día. Caminando por el mundo como si no estuvieran rotos, esperando a que llegue su hora y por fin consigan la paz mental que necesitan. Porque a veces, la gente es lo único que necesita, descansar. Una semana, un mes, un año ¡Qué más da! Lo que sea, lo que se necesite. Pero a veces todos necesitamos descansar de nosotros mismos.

jueves, 29 de mayo de 2014

Te lo prometo, Mamá.

Mamá, sé que no soy la hija que querías tener, esa buena estudiante, alta, delgada, guapa, simpática y con muchísimos amigos. No, y no sabes lo que me gustaría poder serlo. No puedo prometerte ser la hija perfecta, igual que no puedo prometerte que voy a mejorar mañana, porque por mucho que lo intente, mi mente siempre falla.

También sé que te he decepcionado, tanto a ti como a papá, os he decepcionado ya que fracaso en casi todo lo que hago, y de verdad que lo siento, siento haberte decepcionado, siento que por mi culpa no duermas bien, siento haberte echo tanto daño. Pero deja de mirarme así por favor, sé que no lo haces adrede, pero no sabes lo que me duele esa mirada de decepción, esa en la que me gritas con los ojos que no me reconoces, esa que intentas tapar con bonitas palabras. No soy perfecta, nadie lo es, yo sólo quería serlo para tus ojos, pero no lo he conseguido, he fallado en el intento y eso es lo que más duele. Soy así. Sólo acéptame como soy. Oscura. Fría. Y triste.

Aún así yo no me voy a dar por vencida, no aún. Voy a ser la hija que quieres,poco a poco voy a salir adelante, y a llenar de luz mi oscuridad. Tardaré  pero lo conseguiré mamá, por ti, por mi, por nosotras. Por ser felices juntas. Para ver en tu mirada que estás orgullosa de como soy.

Te lo prometo Mamá.

domingo, 11 de mayo de 2014

No pintas nada. Muerete inútil.

Odio todo lo que me rodea, a veces siento que ya no puedo más. Me doy por vencida. Ellos ganan. No puedo seguir viviendo con este odio dentro de mi, dentro de este cuerpo roto  tan roto por dentro como por fuera. Hay miles de demonios. Gritando. Haciendo que todo se oscurezca poco a poco. No van a parar hasta que lo consigan. Hasta que sólo sea cenizas. Hacen cada día un infierno peor que el anterior. Hacen odiarme por dar asco. Por existir. ¿Qué haces aquí? Nadie te quiere. No sirves para nada. Sólo sabes hacer las cosas mal. Mira a tu alrededor. ¿A alguien le importas?  Das asco. Y eso jamás podrás cambiarlo. Siempre serás la chica sola, la fea y la que no sirve para nada. Entonces, ¿De que sirve? ¿Por qué sigues? Me pregunto cada día. Ya no sé si merece la pena seguir luchando. No quiero ser feliz. No lo merezco. La vida es una mierda y eso no va a cambiar. Que los demonios no se irán, seguirán aquí para siempre, para recordarme como soy realmente. Como soy yo. No lo que la gente ve. Que yo ya no puedo más con esta apatía. Que no joder. Sólo odio. Nada me hace ilusión, yo ya no de si quiero seguir viviendo de esta forma. Total ¿A quién le importa? He sido ignorada y odiada toda la vida y así va a seguir siendo. Que no es una pesadilla, que es el mundo real. No hay hadas, ni princesas. No es un sueño. No vas a despertar y todo irá bien. Va a ir peor, cada día vas a ser aún peor. Que no vales. A ver si te entra en la cabeza. No pintas nada aquí. Muerete inútil.

sábado, 10 de mayo de 2014

Sonrisas de plástico.

Nunca mostró como era ella, jamás dejo que la conocieran realmente  porque sabia que cuando la conocieran, cuando supieran como ella era en realidad, todos la dejarían. Se apartarían de ella. Así que iba por la vida con la sonrisa más grande que podía. Una sonrisa de plástico creada para ocultar su verdad. Para ocultar lo que sus ojos decían. Sus ojos pedían ayuda. A gritos. En ese momento, en el que la gente se empezó a creer su sonrisa, ella cayó, cayó en un agujero. En un abismo del que jamás podría salir. Se había quedado atrapada allí, en su falso ella. Su falsa vida llena de mentiras. Nada le llenaba. Nada le hacía ilusión. Todo le pesaba. Sólo deseaba la muerte. La deseaba como si de un tesoro se tratara. Pensaba en ella cada día, cada instante. Estuvo años planeando la suya. Cada día era un poco más feliz pensando que quedaba menos para su día. Y, así pasó el tiempo. Hasta que por fin llegó el día. Se despertó con una sonrisa al saber que jamás volvería a este infierno lleno de monstruos y demonios. Así que fue hacia su dormitorio, se puso su mejor vestido. Dejó la carta sobre la mesa y cogió el bote de pastillas. Se las tomó una a una. Se empezó a sentir rara, cada vez estaba más muerta, pero ella se sentía más viva. Sólo hacia falta esperar y por fin todo habría acabado. Todo el dolor cesaría. Todo ese sufrimiento y ese odio acumulado durante años por fin terminarían. Y, de golpe, lo nota. Todo está oscuro. No hay nada. Absolutamente nada. Ni dolor. Ni sentimientos . Lo estaba notando. Ya no existía.

Tocar fondo.

Tocar fondo. ¿Cómo sabes que has tocado fondo? ¿Qué ya no podrá bajar más? No creo que nuca se llegue a ese punto. Si quizás piensas que has cálido mucho pero aún puedes caer más. Jamás se toca. No puedes esperar a tocar fondo para subir. Porque nunca acabarías. Bajas y bajas y al final te ahogas. Porque esperando para bajar vas estando peor cada vez, cada vez hay un vacío mayor que no puede ser llenado con nada, que el odio te ciega la vista. Que contra más bajas menos posibilidades hay de salir. Que nunca vas a estar en tu peor momento. Que siempre podrás estar peor. Crees que ya no puedes estar peor, que a partir de ahora todo irá mejor, pero no es así. Siempre podrás estar peor y siempre vas a estar cayendo en un pozo sin fin. En un abismo. En un lugar del cual no saldrás. Bienvenidos al precipicio.

Problemas. Odio. Y sufrimiento.

Dicen que se ha de enfrontar a los problemas, que se les ha de ir de cara y acabar con ellos. Pero, ¿Qué pasa cuándo se acumulan? Cuando tienes tantos que no puedes enfrentarte a ellos.
Los dejas ahí, dejas pasar, creyendo que el tiempo los solucionará, pero no es así, el tiempo pasa y pasa, pero los problemas no se van, es más, cada vez son peores. Cada vez son más grandes y tienes miedo. ¿Y si no desaparecen jamás? Cada vez hay más y más. De amontonan todos y ya no puedes. Y pasas, sin darte cuenta que poco a poco estás creando tu propio vacío, lleno de odio y rencor.
El odio te come por dentro y pasa el tiempo y sigue, no se va. Se hace más grande. Poco a poco vas odiando todo cuanto te rodea, desde lo que más querías a lo que más odiabas. Al final, sólo tienes odio, no hay espacio para nada más. Hay demonios en tu cabeza que no te dejan ser feliz. Odio y sufrimiento. Hay una única manera de terminar con este odio y poner fin al sufrimiento. No hay más. Y, suena muy bien. Muerte. Y habrá terminado el odio y el sufrimiento. Por fin todo habrá acabado. Hasta el menor de los problemas. No tendrás más preocupaciones. Todos los problemas que as ido guardando y has dejado ahí, sin enfrentarte a ellos. Esos problemas, también desaparecerán. Te gustaría que no te recordaran, pero sabes que no será así, por mucho que quieras. No porque te vayan a echar de menos, ni porque te hayan querido, sino por una razón.
¿Cómo se olvida a alguien que ha echo tanto daño, en tan poco tiempo?

Melancolía.

Pasan los días y cada vez sientes que vales menos. Cada vez más triste. Te invade un fuerte sentimiento de melancolía.
Melancolía que mala eres, pero que cariño te he cogido. Y, sí, le he cogido cariño a este sentimiento, no es que me guste estar así, sino que no me veo de otra forma, y cuando no la tengo. Cuando me siento más o menos alegre, entonces, echo de menos la melancolía que invadía la  casa las tardes de invierno. Esas tardes sola en mi habitación escribiendo medio a oscuras en un papel, con un sentimiento constante de culpa. Y, por mucho que no quieras, te das cuenta que ya es tarde. Que ya no hay vuelta atrás, porque en el momento en el que te encariñas de él no lo puedes dejar. Porque es lo único que te llena, aunque en verdad, él es el que te vacía. Te acabas acostumbrando a la melancolía y te acaba gustando.