«Nací para ser la chica de las causas perdidas. Abridme las puertas del infierno, que me lo he ganado.»
miércoles, 18 de junio de 2014
S de silencio.
martes, 17 de junio de 2014
Vivimos para morir.
Todo el mundo pasa por unas situación en la que le cambia algo por dentro, te rompe, o ni te toca si tienes un poco de suerte, pero te cambia a otro nivel igualmente, sin darte cuenta de ello. Cuando todo lo que tú querías ser o conseguir, cuando todo eso se va en un segundo y entonces ves cosas que no habías visto hasta ese momento. Eso para mí es morirse. Y es tu decisión hacer algo con eso y seguir, o quedarte ahí para siempre. Yo me quedé demasiado tiempo.
viernes, 30 de mayo de 2014
Todos necesitamos descansar de nosotros mismos.
No creo en la felicidad, creo que es algo que no existe, como una leyenda. Pero, ¿Y si en algún momento lo fui? Me cuesta creerlo puesto que ahora vivo ahogada en melancolía. Soy fría como el hielo y estoy tan rota que corto. Soy una alma. Un cuerpo, una vida más en este mundo de infelices. De gente infeliz, con caras alegres. Llorando por las noches y sonriendo durante el día. Caminando por el mundo como si no estuvieran rotos, esperando a que llegue su hora y por fin consigan la paz mental que necesitan. Porque a veces, la gente es lo único que necesita, descansar. Una semana, un mes, un año ¡Qué más da! Lo que sea, lo que se necesite. Pero a veces todos necesitamos descansar de nosotros mismos.
jueves, 29 de mayo de 2014
Te lo prometo, Mamá.
También sé que te he decepcionado, tanto a ti como a papá, os he decepcionado ya que fracaso en casi todo lo que hago, y de verdad que lo siento, siento haberte decepcionado, siento que por mi culpa no duermas bien, siento haberte echo tanto daño. Pero deja de mirarme así por favor, sé que no lo haces adrede, pero no sabes lo que me duele esa mirada de decepción, esa en la que me gritas con los ojos que no me reconoces, esa que intentas tapar con bonitas palabras. No soy perfecta, nadie lo es, yo sólo quería serlo para tus ojos, pero no lo he conseguido, he fallado en el intento y eso es lo que más duele. Soy así. Sólo acéptame como soy. Oscura. Fría. Y triste.
Aún así yo no me voy a dar por vencida, no aún. Voy a ser la hija que quieres,poco a poco voy a salir adelante, y a llenar de luz mi oscuridad. Tardaré pero lo conseguiré mamá, por ti, por mi, por nosotras. Por ser felices juntas. Para ver en tu mirada que estás orgullosa de como soy.
Te lo prometo Mamá.
domingo, 11 de mayo de 2014
No pintas nada. Muerete inútil.
Odio todo lo que me rodea, a veces siento que ya no puedo más. Me doy por vencida. Ellos ganan. No puedo seguir viviendo con este odio dentro de mi, dentro de este cuerpo roto tan roto por dentro como por fuera. Hay miles de demonios. Gritando. Haciendo que todo se oscurezca poco a poco. No van a parar hasta que lo consigan. Hasta que sólo sea cenizas. Hacen cada día un infierno peor que el anterior. Hacen odiarme por dar asco. Por existir. ¿Qué haces aquí? Nadie te quiere. No sirves para nada. Sólo sabes hacer las cosas mal. Mira a tu alrededor. ¿A alguien le importas? Das asco. Y eso jamás podrás cambiarlo. Siempre serás la chica sola, la fea y la que no sirve para nada. Entonces, ¿De que sirve? ¿Por qué sigues? Me pregunto cada día. Ya no sé si merece la pena seguir luchando. No quiero ser feliz. No lo merezco. La vida es una mierda y eso no va a cambiar. Que los demonios no se irán, seguirán aquí para siempre, para recordarme como soy realmente. Como soy yo. No lo que la gente ve. Que yo ya no puedo más con esta apatía. Que no joder. Sólo odio. Nada me hace ilusión, yo ya no de si quiero seguir viviendo de esta forma. Total ¿A quién le importa? He sido ignorada y odiada toda la vida y así va a seguir siendo. Que no es una pesadilla, que es el mundo real. No hay hadas, ni princesas. No es un sueño. No vas a despertar y todo irá bien. Va a ir peor, cada día vas a ser aún peor. Que no vales. A ver si te entra en la cabeza. No pintas nada aquí. Muerete inútil.
sábado, 10 de mayo de 2014
Sonrisas de plástico.
Nunca mostró como era ella, jamás dejo que la conocieran realmente porque sabia que cuando la conocieran, cuando supieran como ella era en realidad, todos la dejarían. Se apartarían de ella. Así que iba por la vida con la sonrisa más grande que podía. Una sonrisa de plástico creada para ocultar su verdad. Para ocultar lo que sus ojos decían. Sus ojos pedían ayuda. A gritos. En ese momento, en el que la gente se empezó a creer su sonrisa, ella cayó, cayó en un agujero. En un abismo del que jamás podría salir. Se había quedado atrapada allí, en su falso ella. Su falsa vida llena de mentiras. Nada le llenaba. Nada le hacía ilusión. Todo le pesaba. Sólo deseaba la muerte. La deseaba como si de un tesoro se tratara. Pensaba en ella cada día, cada instante. Estuvo años planeando la suya. Cada día era un poco más feliz pensando que quedaba menos para su día. Y, así pasó el tiempo. Hasta que por fin llegó el día. Se despertó con una sonrisa al saber que jamás volvería a este infierno lleno de monstruos y demonios. Así que fue hacia su dormitorio, se puso su mejor vestido. Dejó la carta sobre la mesa y cogió el bote de pastillas. Se las tomó una a una. Se empezó a sentir rara, cada vez estaba más muerta, pero ella se sentía más viva. Sólo hacia falta esperar y por fin todo habría acabado. Todo el dolor cesaría. Todo ese sufrimiento y ese odio acumulado durante años por fin terminarían. Y, de golpe, lo nota. Todo está oscuro. No hay nada. Absolutamente nada. Ni dolor. Ni sentimientos . Lo estaba notando. Ya no existía.
Tocar fondo.
Tocar fondo. ¿Cómo sabes que has tocado fondo? ¿Qué ya no podrá bajar más? No creo que nuca se llegue a ese punto. Si quizás piensas que has cálido mucho pero aún puedes caer más. Jamás se toca. No puedes esperar a tocar fondo para subir. Porque nunca acabarías. Bajas y bajas y al final te ahogas. Porque esperando para bajar vas estando peor cada vez, cada vez hay un vacío mayor que no puede ser llenado con nada, que el odio te ciega la vista. Que contra más bajas menos posibilidades hay de salir. Que nunca vas a estar en tu peor momento. Que siempre podrás estar peor. Crees que ya no puedes estar peor, que a partir de ahora todo irá mejor, pero no es así. Siempre podrás estar peor y siempre vas a estar cayendo en un pozo sin fin. En un abismo. En un lugar del cual no saldrás. Bienvenidos al precipicio.
Problemas. Odio. Y sufrimiento.
Dicen que se ha de enfrontar a los problemas, que se les ha de ir de cara y acabar con ellos. Pero, ¿Qué pasa cuándo se acumulan? Cuando tienes tantos que no puedes enfrentarte a ellos.
Los dejas ahí, dejas pasar, creyendo que el tiempo los solucionará, pero no es así, el tiempo pasa y pasa, pero los problemas no se van, es más, cada vez son peores. Cada vez son más grandes y tienes miedo. ¿Y si no desaparecen jamás? Cada vez hay más y más. De amontonan todos y ya no puedes. Y pasas, sin darte cuenta que poco a poco estás creando tu propio vacío, lleno de odio y rencor.
El odio te come por dentro y pasa el tiempo y sigue, no se va. Se hace más grande. Poco a poco vas odiando todo cuanto te rodea, desde lo que más querías a lo que más odiabas. Al final, sólo tienes odio, no hay espacio para nada más. Hay demonios en tu cabeza que no te dejan ser feliz. Odio y sufrimiento. Hay una única manera de terminar con este odio y poner fin al sufrimiento. No hay más. Y, suena muy bien. Muerte. Y habrá terminado el odio y el sufrimiento. Por fin todo habrá acabado. Hasta el menor de los problemas. No tendrás más preocupaciones. Todos los problemas que as ido guardando y has dejado ahí, sin enfrentarte a ellos. Esos problemas, también desaparecerán. Te gustaría que no te recordaran, pero sabes que no será así, por mucho que quieras. No porque te vayan a echar de menos, ni porque te hayan querido, sino por una razón.
¿Cómo se olvida a alguien que ha echo tanto daño, en tan poco tiempo?
Melancolía.
Pasan los días y cada vez sientes que vales menos. Cada vez más triste. Te invade un fuerte sentimiento de melancolía.
Melancolía que mala eres, pero que cariño te he cogido. Y, sí, le he cogido cariño a este sentimiento, no es que me guste estar así, sino que no me veo de otra forma, y cuando no la tengo. Cuando me siento más o menos alegre, entonces, echo de menos la melancolía que invadía la casa las tardes de invierno. Esas tardes sola en mi habitación escribiendo medio a oscuras en un papel, con un sentimiento constante de culpa. Y, por mucho que no quieras, te das cuenta que ya es tarde. Que ya no hay vuelta atrás, porque en el momento en el que te encariñas de él no lo puedes dejar. Porque es lo único que te llena, aunque en verdad, él es el que te vacía. Te acabas acostumbrando a la melancolía y te acaba gustando.
martes, 6 de mayo de 2014
Querida soledad.
La soledad te enseña mucho. Te da tiempo para pensar. Recapacitar sobre la vida, sobre ti. Y, te das cuenta, que no es tan mala. Que poco a poco, le vas cogiendo cariño hasta que un día no puedes vivir sin ella. Coges asco a la gente, prefieres estar solo que con los que te hicieron sentir así.
Contra más solo estás, mas te das cuenta de que nadie te necesita, ni te va a necesitar nunca. Que lo único para lo que sirves es para odiar y ser odiada. Que si a nadie le importas. Entonces, ¿Qué haces aquí? ¿Por qué ha venido alguien como tú al mundo si no va a aportar nada? Cuando era pequeña creía que todo pasaba por algo. Que todas las personas que ahora están en tu vida, están por alguna razón. Que cuando algo malo pasa, es porque vendría algo bueno. Pero pasan los años y vas madurando, vas dándote cuenta de las cosas y ves que nada es como creíamos, no todo pasa por algo. A veces las cosas pasan por que sí. Cuando algo bueno pasa, es porque algo malo va a venir, y cuando algo malo pasa, es porque vendra algo aún peor.
Porque la vida es así para algunos, para los que merecemos la infelicidad y la soledad. La vida es triste, por eso nacemos llorando.
Ya no existo.
No sé si pensar. Sé que una parte de mi, aunque sólo sea por instinto, quiere seguir viviendo; pero yo ya he decidido que no.
El dolor en la piel ha cesado. Me sentiría inerte si mis pulmones no ardieran. Veo las últimas burbujas de aire salir por mi nariz flotando hacia arriba y explotando una a una. Noto como mi vientre se contrae y como mi boca intenta abrirse para coger algo de aire, pero la cierro con todas las fuerzas que me quedan. Siento como mi cuerpo se acelera, todo me tiembla, oigo la sangre golpear mis oídos y mi abdomen se hincha y deshincha sin descanso. Mi cuerpo necesita respirar y lo va a hacer. Finalmente me rindo a los impulsos e inhalo. Pinchazos, cortes, arañazos; el agua congelada me destroza por dentro. Gritaría, si pudiese.
El dolor es insoportable. Y, de golpe, para. No oigo nada, no veo, sólo siento el corazón, esta vez en el pecho, a un ritmo mucho más relajado. Me siento bien, en paz. Saco la sonrisa más grande de mi vida, aunque creo que mi cara no la refleja. Cada vez el sentimiento de bienestar aumenta y y o siento que peso menos. De golpe lo noto, ya no existo.
Bienvenidos.
-Demencia.
¿Aceptarías a un monstruo únicamente porque vive contigo?
Tristeza.
Cuando te invade un profundo sentimiento de amargura puedes llegar a sentirte como si estuvieses en llamas, no sólo por el dolor, sino también porque la desdicha puede extenderse sobre tu vida al igual que el humo de un gran incendio lo cubre todo a su alrededor como un gran manto de color grisáceo.
Suele resultar difícil ver otra cosa además de tu propia desdicha, de la misma forma en que la humareda puede cubrir un paisaje y hacer que todo lo que se vea alrededor sea de color negro.
Puedes darte cuenta de que incluso las cosas felices están contaminadas de tristeza, como cuando el hollín emerge en forma de colores cenicientos e impregna todo lo que toca de olores a ceniza.
Cuando finalmente se apaga el incendio uno ya no puede recuperar lo que ha sido devorado por las llamas. Cuando te sumerges en un pozo de melancolía; una parte de ti se pierde para siempre.
Tanto el fuego como la tristeza consumen sueños y esperanzas, dejando un gran vacío que difícilmente puede ser llenado. Y ambos son, en muchas ocasiones, inevitables. Forman parte de la vida, nos guste o no.
Y aquí estoy yo, ardiendo por dentro, quemándome con extremada lentitud y sin encontrar agua que pueda apagar este fuego, que desde hace años me mata en silencio. Pronto sólo seré un montón de cenizas. Otro más.
domingo, 4 de mayo de 2014
No debimos creer.
Te das cuenta que la felicidad no existe, que eso que tanto deseábamos, ahora lo odias. Te das cuenta que los ojos no mienten y las miradas enseñan lo rota que estás por dentro. Que miras a tu alrededor y no hay nadie, no hay nada. Que estás sola, escribiendo a oscuras en tu habitación. Que nunca ha habido nadie, jamás le has importado a nadie. Nadie movería un dedo por ti. Que podrías morirte mañana que nadie se preocuparía. Estás triste, pero por alguna razón no puedes llorar. Así que decides cerrar los ojos unos segundos, respiras fuerte y dibujas una enorme sonrisa en tu cara, para que la gente piense que estás bien. Porqué ¿Qué más les da como estés?. Pero hay algo que falla. Hay algo que no puedes evitar. Y, es que, por mucho que quieras, por muy feliz que quieras aparentar ser, los demonios que hay en tu cabeza continúan ahí. Continúan jodiéndote. Y todo por creer. No debimos creer. Debimos haber sabido la verdad. Que te la cuenten des del principio. Que no te la oculten cerrándote los ojos, porqué luego, al abrirlos, duele. Duele muchísimo enfrentarse a la realidad. A esta dolorosa realidad de saber que todo lo que creíamos, todo lo que nos contaron y nos prometieron que tendríamos, no existe. Y claro, ¿Cómo te van a dar algo que no existe?
La felicidad, la amistad y todas estas mierdas no existen. Abrid los ojos antes de que sea tarde.
jueves, 1 de mayo de 2014
Valiente.
-Demencia
Soledad.
En mi, sólo hay lugar para el odio.
jueves, 3 de abril de 2014
Mereces el dolor.
Coges la cuchilla y la pasas por tu piel. Te duele pero sonríes. Empieza a salir sangre, muchísima sangre y escuece. Te escuece la herida, pero sabes que mereces ese dolor. Sabes que jamás podrás llegar a ser lo que la gente quiere que seas, que siempre vas a decepcionar a todo el mundo. Por eso poco a poco, te vas alejando de la gente. Te alejas lentamente de todo aquel que te rodea. No quieres que sufran por ti, no merecen pasarlo mal por ti. Te alejas para no decepcionar les, no quieres fallarles y sabes que si continúan a tu lado les vas a fallar. Por eso te aíslas, porque si no te relacionas con nadie, si no le importas a nadie, si nadie confía en ti, entonces no podrás hacerles daño. Y, así, lentamente, te vas apartando del mundo. Estas sola. Pero sabes que es lo que mereces. Mereces el dolor. La tristeza. El vacío. La soledad. Mereces la muerte.